Caballo valiente no sirve para otra guerra

★★★★★★☆☆☆☆  [6/10]
War Horse (2011)

War Horse (2011)

Caballo de Guerra era promisoria: una chance para el clasicismo y la sutileza, la sensibilidad y el talento narrativo de un Spielberg experimentado. Lejos de los desaciertos de The Color Purple o El Imperio del Sol, y cerca de los planteos de Munich, si nos atenemos a la corriente “realista” de su filmografía, para no utilizar un término más incierto. Sin embargo, luego de un planteo maravilloso, un primer acto donde los recursos más efectivos y dignos se ponen en juego, Caballo… se deja llevar por una pretensión que termina en recursos pueriles y diálogos melosos.

Aunque nunca pierde su sobriedad sistemática, la película se enmaraña en un planteo coral cuya concepción escapa a su visionado para encontrar una explicación en el material original: una obra de teatro montada en Londres y Nueva York a partir de una novela de Michael Morpurgo, publicada en 1982. Tal vez la empresa de trasladar esas fuentes al cine fuera de una dificultad extrema.

La idea es la de convertir al caballo en el protagónico absoluto, siguiéndolo en su viaje azaroso a través de los frentes de batalla de una Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial. Así, el relato se va alternando entre sus dueños transitorios: un alto mando inglés, dos jóvenes soldados alemanes, un granjero francés y su nieta.

La sensación es que todos ellos podrían haber formado parte de una elipsis, de un tiempo no integrado a la puesta en escena, ya que no aportan demasiado a la progresión del drama. Salvo, tal vez, la ilusión de un humanismo ingenuo, teniendo en cuenta que de esa manera se reúnen los distintos bandos involucrados en la lucha.

Antes de eso, la historia de Joey, el caballo, tiene lugar en la granja de la familia Narracott. Equino de raza, es comprado a un alto precio por el padre del joven Albert, que sueña con él, desde su humildad, hace tiempo. La imprudencia pone en peligro la situación misma de la propiedad. Albert debe entonces entrenarlo en una habilidad que no es la propia del ejemplar, para cosechar a tiempo una franja de las tierras y pagar así a su dueño y arrendatario.

Luego de todo el arco descripto desde que Joey es incautado por el ejército al desatarse la temible guerra, Albert decide recuperarlo a toda costa, enrolándose él mismo en las filas patrias ni bien su edad se lo permite. Entre él y su ilusión de niño y el noble caballo y su cruel situación median las trincheras.

Sin embargo, éstas no lo cambiarán. A los efectos del cuento seguimos como en el principio, ignorando una de las reglas más importantes a la hora de diseñar un guión: la evolución de los personajes.

La fábula de Joey es la de un cuento de hadas que se vuelve sobre sí mismo, recorriendo todos los conflictos para llegar al mismo punto de partida, como si el viaje no hubiese valido la pena.

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